Buscando nuestro origen… fuera de la Tierra

¿Cómo surgió la vida en nuestro planeta? ¿Pudo tener un origen extraterrestre? La misión espacial europea Rosetta ha sido clave para tratar de responder a estas preguntas y, ahora, llega a su fin. Tras demostrar que los cometas contienen los ‘ladrillos’ necesarios para construir vida, el próximo 30 de septiembre, los ingenieros de la Agencia Espacial Europea (ESA) la posarán sobre el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko después de dos años orbitando a su alrededor. Allí, volverá a reunirse con su sonda Philae, la primera máquina que el ser humano ha conseguido depositar sobre la superficie de uno de estos cuerpos celestes.

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La máquina del tiempo es de madera | Colaboración en NextDoor Publishers

Feliz con mi primera colaboración con NextDoor Publishers, una editorial que nace con la intención de divulgar ciencia desde un contexto humanista. Mi artículo quiere transmitir cómo una técnica científica puede ayudar a organizar el pasado del arte, y para ello he entrevistado a Maite Jover, Técnico Superior de Museos del Museo del Prado.

La máquina del tiempo es de madera

Cae la tarde. Su luz crea una atmósfera de ensueño en el interior del bosque de árboles descomunales. La pareja, que está construyendo una relación basada en una obsesión y un engaño, se acerca a un tronco seccionado, donde varias flechas indican los anillos crecidos durante momentos históricos reseñables. La batalla de Hastings en 1066; el descubrimiento de América en 1492; la declaración de independencia de los Estados Unidos en 1776. La primera flecha apunta al año 909, cuando el árbol nació; la última se sitúa en 1930, el año en el que fue talado. En trance, la mujer del abrigo blanco señala dos anillos situados muy juntos en el extremo exterior y traza un enigmático paralelismo vital: «En algún momento de aquí nací yo. Y aquí he muerto. Solo fue un instante, una vida; nadie lo advirtió…». Una licencia poética que seguramente no entraba en sus honorarios.

Y sin embargo, también el árbol de Vértigo (Hitchcock, 1958) pasó inadvertido durante siglos, mientras crecía en la profundidad y el silencio de los bosques de secuoyas. Ocultando en su interior, como el resto de sus congéneres, una de las claves para leer el pasado.

Porque estudiar los anillos de crecimiento de los árboles, que se forman cada año con el transcurrir de las estaciones, nos revela detalles como su edad, su salud y el clima reinante en las diferentes épocas en las que han vivido. La técnica, llamada dendrocronología, tiene múltiples utilidades en ciencia: estudios del clima, dinámica de poblaciones vegetales arbóreas, geomorfología… Pero también en arte, donde se emplea para datar no solo tallas sino también pinturas, las protagonistas de este artículo. Y es que pintar sobre tela, como el retrato que la mujer del abrigo blanco de Vértigo contempla una y otra vez en el museo, es más reciente de lo que podríamos pensar.

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(Y mis respuestas a su cuestionario Talk10: “La divulgación debe hacerse en todos los idiomas del mundo”)

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Señalar el peligro en la oscuridad | Colaboración en Principia.io

El número 3 en papel de Principia gira en torno a un tema muy especial para mí: la oscuridad. Ha sido un honor participar con un artículo, que además va acompañado de dos estupendas ilustraciones de Víctor García-Cano (@victorgc_design). Si los primeros párrafos generan la urgente necesidad de leerlo entero… aquí dejo el enlace donde se puede adquirir el número completo: Número 3 – Principia Shop 

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Señalar el peligro en la oscuridad

La construcción de faros se remonta milenios en el tiempo. Los logros técnicos de los últimos siglos han procurado aumentar la potencia lumínica del haz de luz y la distancia a la que se divisaba, automatizar el suministro de combustible y extender su autonomía. De las hogueras y los braseros de carbón hasta la llegada de la electricidad, repasamos las principales estrategias que el ser humano ha ideado para que estas construcciones, imprescindibles en nuestras costas, fueran también lo más eficaces posible.

Durante milenios, fue el agua la que nos llevó. A través de los mares y océanos migrábamos, comerciábamos y explorábamos; reinventábamos nuestras vidas anónimas, hacíamos prosperar nuestros pueblo y mapeábamos el mundo.

Pero el océano ha tenido siempre sus peligros: el tiempo –a veces favorable, a veces violento–, los accidentes de la línea de costa, la falta de visibilidad en un repentino y traicionero banco de niebla, o la previsible oscuridad de la noche.

Para evitar todos estos peligros, desde tiempo inmemoriales hemos guiado a nuestros veleros y navíos con hogueras situadas estratégicamente para advertirles de zonas poco seguras para la navegación en la oscuridad. Al comprender que para que estas luces se vieran a distancia debían situarse por encima del nivel del suelo, comenzamos a concebir construcciones más adecuadas a su función. La primera más conocida, el Faro de Alejandría, fue durante centurias la edificación más alta del mundo conocido (también una de sus ocho maravillas), cuya construcción ordenó Ptolomeo I en el siglo VII a. C. Si acompañáramos a una tripulación egipcia que partiera del puerto de Alejandría para comerciar en tierras lejanas, veríamos la luz del faro a distancia gracias a un espejo que, situado en su ápice, reflejaba la luz del sol durante el día y la de una hoguera durante la noche. Varios terremotos acabarían con él, pero llegó, cada vez más maltrecho, hasta el siglo XIV de nuestra era, y se constituyó en modelo de todos los faros que le seguirían en los siglos por venir.

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Se prevé una noche sin viento | Colaboración en Principia.io

Se prevé una noche sin viento

Ninguna previsión meteorológica detectó el ciclón extratropical que procedente del Golfo de Vizcaya azotaría Inglaterra en octubre de 1987. La Gran Tormenta, que dejó dieciocho fallecidos, 15 millones de árboles derribados y daños por valor de 1 500 millones de libras de la época, se convirtió en el catalizador de un programa de mejora de las previsiones meteorológicas a nivel científico, tecnológico y de comunicación.

Aquella tarde del 15 de octubre de 1987, Michael Fish, meteorólogo de la BBC, dio un parte que quedaría tallado a escoplo en la memoria colectiva del país y traería grandes dolores de cabeza a los servicios meteorológicos británicos. Fish se dirigió a cámara y dijo: «Según parece, una mujer ha telefoneado esta mañana a la BBC diciendo que había oído que se aproximaba un huracán; bien, si está usted viendo esto, no se preocupe: no hay ningún huracán en camino. Dicho esto, lo cierto es que el tiempo se pondrá muy ventoso, pero la mayor parte de estos fuertes vientos pasarán por España y cruzarán a Francia».

Posteriormente, siempre sostuvo que se estaba refiriendo al huracán Floyd que había golpeado la costa este de EE.UU. Pero en los meses posteriores tendría muchas ocasiones de lamentar la fatal casualidad de que en aquellos mismos instantes, un ciclón extratropical nacido en el Golfo de Vizcaya se estuviera desplazando hacia el noroeste del continente. Este ciclón estaba a punto de causar una devastación masiva en Inglaterra, especialmente en el sureste del Reino Unido, así como numerosos daños en la Bretaña francesa y en el norte de España.

Un escorpión encolerizado

Todo comenzó en las primeras horas del 15 de octubre, cuando una masa de aire tropical (cálida) y una masa de aire polar (fría) colisionaron, forzando al aire caliente a ascender, creando un área de bajas presiones. Se trataba de una depresión atmosférica de manual; la atmósfera intenta nivelar el desequilibrio de presiones haciendo que el aire en las altas presiones fluya hacia las bajas: así es como se produce el viento. Cuanto más grande es la diferencia entre presiones, más rápida es la corriente de aire.

Lo que no estaba en los manuales —y a partir de aquel momento hubo que incluirlo— es un fenómeno que se produjo aquella noche: el «sting jet» o chorro en aguijón, que hoy está bien documentado, pero del que por entonces no se sabía nada.

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